Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno lo levantara a su compañero; pero ¡Ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. (Eclesiastés 4:9-10).
“A solas otra vez” es el titulo de una canción que se hizo popular hace varias décadas y que todavía se escucha en la radio. Esta deprimente balada narra la tristeza de un joven que pierde a todas las personas cercanas a el, ya sea por abandono o por muerte, y concluye contemplando el suicidio. El refrán con que termina cada verso resume su pena: “A solas otra vez”.
Tal parece que la soledad es la norma para muchas personas. Billy Graham afirma que la gente sufre de soledad más que de cualquier otro problema.
Los Psicólogos dicen que hay dos clases de soledad. La primera es la que resulta del alejamiento. Es la sensación que sentimos cuando la distancia nos separa de un ser querido o de las cosas que nos son familiares. Pero el segundo tipo es mucho más severo, es la soledad del espíritu. Es el aislamiento que puede darse en un lugar lleno de gente, en una iglesia, o en el matrimonio.
Cuando pensamos en la soledad, normalmente lo hacemos como si fuera un estado del ser: el alejamiento del cuerpo o del espíritu. Pero la soledad es más que un estado. Es una condición que a menudo resulta de una decisión propia que dice “Yo soy autosuficiente y puedo enfrentarme solo con la vida”. Si las actitudes son nuestra respuesta a las circunstancias, ¿Como decidimos reaccionar a las alegrías y tristezas? Podemos hacerlo enfrentándonos solos estoicamente a ellas, o podemos escoger el compañerismo, la actitud que dice: “Necesito de otros para estar sano emocional y espiritualmente”.
¿A quien se le ocurre estar solo?
Analiza esta historia. Un anciano viudo descubrió que tenía cáncer. Después de consultarlo con sus médicos, decidió irse a una cuidad lejana para someterse a una operación. Sabia que esta podía ser fatal o dejarlo invalido, pero no dijo a ninguno de sus amigos que tenia que ser operado y ni siquiera que estaba enfermo. Solo dijo que iba a hacer un viaje. Empaco sus cosas, cerró su casa y dijo adiós a todos, sabiendo que tal vez nunca volvería. Cuando se le pregunto porque lo había hecho, contesto “No quiero molestarlos con mis problemas”. Dudo que esa fuera la razón verdadera. ¿A quien se l
e ocurre escoger deliberadamente enfrentar las crisis a solas? A continuación seis razones por las cuales la gente escoge estar sola:
- Una pobre autoimagen: Cuando la imagen que se tiene de si mismo es muy baja, hace que la gente diga: ¿Cómo es posible que alguien se interese en mí? No soy atractivo, talentoso, o extrovertido. No soy bien educado, no tengo dinero o una buena posición que hagan que se interesen por mí. Los que no se aceptan a si mismos creen que nadie lo hará. Tal vez teman ser rechazados. ¿Qué pasa si busco a tal persona y me rechaza? Debido a su baja autoestima, no podrían resistir verse repudiados.
Admitámoslo. A nadie le gusta el rechazo. No importa quienes seamos, todos recordamos momentos en que fuimos repudiados por alguien: en la escuela cuando nos escogieron de ultimo para formar un equipo, en el bachillerato por una chica o un chico que no nos quería ver, por compañeros en la universidad, por un grupo de parejas con quienes queríamos relacionarnos, etc. El rechazo es doloroso, pero es un riesgo natural si queremos tener compañerismo con otros. Piensa por un momento en la gente con quien has querido relacionarte y que ha respondido positivamente a tu iniciativa: un compañero de trabajo, un hermano de la iglesia, tu mejor amigo, tu cónyuge. Con toda seguridad, esa relación no habría podido darse, a menos que tú estuvieras dispuesto a correr ciertos riesgos.